Mi workflow fotográfico: 2 - En el lugar

Manos de un fotógrafo sosteniendo una cámara sin espejo con parasol en un paisaje mediterráneo de olivos y muros de piedra seca, con un trípode al lado y el móvil asomando del bolsillo

En el post anterior dejé la cámara preparada: baterías cargadas, tarjetas formateadas, la mochila hecha y el checklist revisado justo antes del primer disparo. Ahora toca lo que pasa con la cámara en la mano, y aquí la idea que lo atraviesa todo es sencilla: cada foto que disparo es una foto que después tengo que cribar. Buena parte del backlog de 30 sesiones que arrastro no viene de fotos malas, sino de demasiadas fotos casi iguales. Así que las decisiones de este post tienen un doble objetivo: que la foto salga bien y que no me genere trabajo inútil después.

Todo lo que es configuración de la cámara — Mi menú, el obturador, el ISO automático, el enfoque con el botón trasero — lo tengo explicado en la guía de configuración de la R7, y la conexión con el móvil en la guía de conexión. Aquí me centro en las decisiones que tomo en cada sesión.

Ráfaga o un solo disparo

Por defecto disparo en un solo disparo (one shot). La ráfaga es la excepción, no la norma.

Uso one shot para paisaje, arquitectura, macro, retratos individuales, comida y cualquier escena estática — incluidas las fotos de producto que hago en mi lightbox casera, y todo lo que hago en trípode. Disparar en ráfaga ahí solo genera fotos casi idénticas entre sí, y esas son justo las que después llenan la criba sin aportar nada.

Reservo la ráfaga corta para lo que de verdad se mueve y no se repite: niños, animales, deportes, un gesto concreto, soplar las velas. La R7 llega a 15 fps con obturador mecánico y a 30 fps con el electrónico, así que disparo en pulsaciones cortas de 3-5 fotos en vez de dejar el dedo pulsado — de lo contrario genero cientos de RAW casi iguales en un par de segundos.

La otra excepción son las fotos de grupo: cuanta más gente, más probable es que alguien parpadee justo en el disparo. Una ráfaga corta de 3-4 fotos casi garantiza una en la que todos tienen los ojos abiertos, y en la criba me quedo con esa y descarto el resto sin pensarlo.

Y un aviso que me ha costado más de una sesión: la R7 recuerda el último modo de avance que usé. Es fácil salir de un evento disparando en ráfaga y ponerme a hacer paisajes sin darme cuenta de que sigue activada. Por eso volver a disparo único forma parte del checklist de justo antes del primer disparo.

La regla del recíproco

Esta es una de esas reglas que llevaba usando de oído, sin saber que tenía nombre, hasta que la puse por escrito para esta serie: la regla del recíproco.

Viene de la fotografía analógica: a pulso, para que el temblor de las manos no se note en la foto, conviene usar al menos 1/focal como velocidad de obturación (en equivalente a formato completo). Un 50mm pedía 1/50s, un 200mm pedía 1/200s.

La R7 tiene 32,5 MP en un sensor APS-C — mucha densidad de píxeles, que perdona bastante menos el movimiento que en la época en que se ideó la regla. Por eso uso la versión moderna, más conservadora: 1/(2 × focal), el doble de velocidad de la regla clásica.

El factor de recorte de la R7 (1,6×) se puede aplicar de dos formas. Con la focal real del objetivo: con mi 55-250 a 250mm, salen 1/500; con el 35mm, 1/70 (en la práctica, 1/80, la velocidad estándar más cercana por arriba). O con la focal equivalente a formato completo (focal real × 1,6, el ángulo de visión real de esa óptica): el 250mm equivale a 400mm, así que pediría 1/800; el 35mm equivale a 56mm, así que pediría 1/112 (1/125 en la cámara). Es la versión más exigente, y la que sigue mejor el criterio de "cómo se ve realmente" con este sensor — pero yo uso la de focal real como referencia por defecto, porque es más rápida de calcular en el momento. Tampoco es tan laxa como parece: 2 × la focal real equivale a 1,25 × la focal equivalente, así que ya queda por encima de la regla clásica aplicada al formato completo.

Un par de matices que la regla no cubre: el estabilizador de los objetivos, junto con el del cuerpo, compensa el temblor de las manos con un sujeto quieto, pero no hace nada contra el movimiento del propio sujeto — las chispas de un fuego artificial, un pájaro, alguien corriendo. Ahí la velocidad la marca el sujeto, no el pulso, y la regla del recíproco deja de aplicar del todo. Y entre ruido y movimiento, siempre prefiero subir ISO: el ruido se puede corregir en el revelado, una foto movida no tiene arreglo.

Medición

La medición es la forma en que la cámara decide cuánta luz hay en la escena para calcular la exposición. La R7 tiene cuatro modos:

  • Evaluativa (la que viene por defecto): analiza toda la escena, la divide en zonas y tiene en cuenta dónde está el sujeto. Es la más "inteligente" y la que mejor funciona en la mayoría de situaciones. Ejemplo: un paisaje, una calle o una foto de familia en el parque. Apuntas, disparas y casi siempre acierta.

  • Parcial: mide solo una zona del centro del encuadre, ignorando el resto. Ejemplo: una persona delante de una ventana muy luminosa. Si mides solo sobre su cara, la cámara no se deja engañar por la luz del fondo.

  • Puntual: como la parcial, pero en una zona todavía más pequeña. Es la más precisa y también la más exigente. Ejemplo: la luna en el cielo nocturno, o un actor iluminado por un foco en un escenario oscuro. Mides solo sobre lo iluminado y el resto queda negro, como debe ser.

  • Promediada con preponderancia central: mide toda la escena, pero da más peso al centro. Es el método clásico, el de las cámaras de toda la vida. Ejemplo: un retrato con el sujeto centrado y una luz bastante uniforme.

En la práctica, con la evaluativa me basta en la gran mayoría de fotos. Como disparo en RAW (ajuste que dejé fijo en la configuración de la R7), tengo margen suficiente en el revelado para ajustar la exposición si la medición no queda exacta, apoyándome en el histograma.

Pantalla de control rápido de la Canon R7 en modo M, a 1/60 s, f/8 e ISO automático. El icono de modo de medición está resaltado en naranja y en la parte inferior se lee «Medición evaluativa».

Los otros modos tienen su sentido en situaciones puntuales (como contraluces muy marcados o sujetos pequeños muy iluminados), pero en mi día a día prefiero no complicarme la vida. La evaluativa me da la tranquilidad de centrarme en el encuadre y el momento, sabiendo que el RAW me deja margen de corrección después.

Nitidez

La nitidez depende de tres cosas que controlo en el momento: el diafragma, el enfoque y la estabilidad.

Diafragma

Cada objetivo tiene una zona dulce, el rango de diafragmas en el que da su mejor nitidez. En la mayoría de objetivos está entre f/4 y f/8: al cerrar a partir de f/4 se corrigen los defectos de la apertura máxima, y más allá de f/8 empieza a notarse la difracción.

En mis objetivos queda así:

Objetivo Apertura máxima Zona dulce Evito
RF 16mm f/2.8 f/2.8 f/5.6–f/8 f/11 o más
RF 35mm f/1.8 Macro f/1.8 f/4–f/5.6 f/11 o más (antes en macro)
RF 100-400mm f/5.6–f/8 abierto – f/8 f/11 o más

Con el 35mm, f/1.8–f/2.8 es para buscar desenfoque, no la máxima nitidez. Y al ser macro, a distancias cortas la apertura efectiva es mayor que la que marca la cámara: a 0,5× se pierde aproximadamente un paso, así que en primeros planos f/8 se comporta casi como f/11. Con el 100-400, a 400 mm la apertura máxima ya es f/8, así que lo uso abierto o, como mucho, un tercio de paso más cerrado.

La difracción es la razón de que cerrar mucho el diafragma no dé más nitidez, sino menos: la luz, al pasar por una abertura muy pequeña, se abre ligeramente y emborrona el detalle fino. Con los 32,5 MP de la R7, que tiene píxeles muy pequeños, se empieza a notar a partir de f/8 y es claramente visible desde f/11. Por eso, aunque en paisaje la tentación es cerrar a f/16 para tener todo enfocado, casi nunca paso de f/8-f/11: prefiero enfocar bien a un tercio de la escena que perder nitidez en toda la foto. Y si estoy en trípode y falta luz, no subo el ISO ni cierro más: mantengo ISO 100 y f/8 y alargo el tiempo de exposición.

Y si lo que necesito es un tiempo largo a plena luz del día, tampoco cierro más: uso un filtro de densidad neutra (ver filtros).

Enfoque

Uso el enfoque con el botón trasero, que explico en la guía de configuración: el botón AF-ON enfoca y el disparador solo dispara. Con el AF en Servo, eso me da dos comportamientos según lo que necesite sin tocar un solo menú: mantengo pulsado AF-ON para seguir a un sujeto en movimiento, o lo suelto para congelar el enfoque y reencuadrar.

En cuanto al área de enfoque, la adapto según la escena:

  • Punto o zona pequeña cuando sé exactamente dónde quiero el foco: paisaje, arquitectura o foto de producto.
  • Detección de sujetos (personas o animales) cuando fotografío algo vivo: la cámara detecta los ojos mucho mejor y más rápido de lo que yo tardaría en mover el punto AF.
  • Enfoque manual para fotos tranquilas desde trípode o cosas de cerca (como cuando hago alguna prueba con las setas que salen en las macetas de casa), para ajustar la distancia a mano sin que la cámara decida por mí.

Y una costumbre que me ha ahorrado más de un disgusto: revisar al 100 % las primeras fotos de cada situación. Tengo la cámara configurada para que, al pulsar la lupa en reproducción, amplíe directamente al punto donde enfoqué. En la pantalla trasera sin ampliar todo parece nítido; diez segundos de comprobación al principio evitan descubrir en casa que el foco se fue a la oreja en lugar de al ojo.

Menú de reproducción de la Canon R7, pestaña 5. La opción «Ampliación» está seleccionada, entre «Ver desde últ. img.» y «Salto imág. con».

Submenú «Ampliación» de la Canon R7 con tres opciones: ampliación aproximada en «Tamaño real», posición ampliada «Desde pto. enf.» y mantener posición «Desac.».

Trípode

Cuando monto la cámara en el trípode, cambio tres cosas para asegurar que la foto quede completamente nítida:

  • Desactivo el estabilizador, desde el interruptor del objetivo (o desde el menú si el objetivo no tiene botón físico). En trípode no hay temblor que corregir, y si el sistema busca un movimiento que no existe, puede acabar generando microvibraciones.
  • Disparo sin tocar la cámara: casi siempre con el temporizador de 2 segundos (el método más rápido) o mediante el móvil por Bluetooth con la app Camera Connect (lo explico en la guía de conexión). Pulsar el disparador con el dedo mueve el equipo justo en el instante decisivo.
  • Activo el obturador electrónico si la escena es estática y la luz es natural. Al no mover ninguna pieza mecánica (las cortinillas), la vibración es absolutamente cero. Si estoy en interiores con luces LED o fluorescentes, mantengo la primera cortinilla electrónica para evitar bandas en la imagen.

Filtros UV y parasol

El parasol lo llevo siempre puesto. No tiene ninguna desventaja: evita que la luz lateral entre en el objetivo y lave el contraste, y de paso protege la lente frontal de posibles golpes o roces. No veo razón para quitarlo nunca.

El filtro UV es otra historia. En fotografía digital no aporta nada a nivel óptico —los sensores actuales no necesitan filtrar la luz ultravioleta—, así que para mí es simplemente una protección física: un cristal que prefiero que se lleve el golpe, la arena o las gotas de agua antes que el objetivo. Por eso lo llevo puesto por defecto.

Sin embargo, añadir un cristal extra delante del objetivo siempre tiene un pequeño coste en calidad, por lo que lo quito en situaciones puntuales:

  • Con polarizador (CIR-PL): para no apilar filtros; el polarizador sustituye al UV.
  • En la lightbox: al fotografiar productos con luces potentes y fondos claros, un filtro plano puede añadir reflejos indeseados o restar contraste (y ahí no hay peligro físico del que proteger la lente).
  • De noche con luces puntuales (farolas o luces de la ciudad): es donde más se notan las luces fantasma (ghosting) o destellos que genera el filtro frente al sensor.

Para exposiciones largas a plena luz del día —como buscar el efecto seda en el agua o hacer desaparecer a la gente que camina— uso un filtro de densidad neutra ND1000, que resta 10 pasos de luz: una foto disparada a 1/30 s pasa a ser una toma de unos 30 segundos. Esto me permite alargar el tiempo sin tener que cerrar el diafragma en exceso ni perder nitidez. Los filtros dan para un post propio, así que los trataré a fondo más adelante.

Geoetiquetado

El problema del geoetiquetado nunca ha sido técnico: es simplemente que se me olvida activarlo. La cámara y el móvil se entienden perfectamente, pero si no arranco el seguimiento al empezar la sesión, todas las fotos salen sin ubicación y no me doy cuenta hasta que llego a casa e importo los archivos.

La solución que me ha funcionado es convertirlo en un gesto físico: llevo una pequeña etiqueta NFC genérica (NTAG215 de 10 mm) pegada en uno de los anclajes Anchor Link de Peak Design de la correa. Al acercar el móvil, la etiqueta ejecuta una orden grabada con la app NFC Tools que abre Camera Connect y activa el seguimiento automáticamente. Es parte del ritual de sacar la cámara, igual que quitar la tapa del objetivo; no hay nada que recordar.

Para confirmar que funciona, solo hay que mirar la pantalla de disparo: si el icono de GPS está fijo, las fotos se guardan con las coordenadas. (El paso a paso para emparejar el móvil y activar la ubicación desde el smartphone lo explico en la guía de conexión).

No necesito una precisión al metro: me basta con saber en qué lugar hice cada foto. Y ese es mi plan B cuando, a pesar de todo, se me olvida arrancar la app:

  • Ubicar por sitio, no foto a foto: en darktable, desde el módulo mapa, selecciono en lote todas las fotos de una misma localización y las arrastro juntas al punto exacto. Una sesión típica suele repartirse en tres o cuatro sitios, así que son tres o cuatro arrastres.
  • Tirar de un registro GPX si hay dudas sobre el orden o los desplazamientos: la cronología de Google Maps (el historial de ubicaciones del móvil) o una actividad registrada en Strava se pueden exportar en formato GPX y cargar directamente en darktable, que asigna la posición a cada foto cruzando las horas.

En el siguiente post de la serie salgo del campo y llego a casa: cómo importo las fotos, la estructura de carpetas, la copia de seguridad y las etiquetas que pongo a cada sesión antes de empezar a cribar.

Jaume Ferré

Jaume Ferré

Tengo un trabajo que no tiene nada que ver con esto. Pero me gusta cacharrear con webs, Linux y el homelab. De vez en cuando alguien me paga por ello, lo cual siempre sorprende. Canon R7 en mano y Arch Linux de fondo.

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