Mi workflow fotográfico: 4 - Criba

Mano sobre el teclado de un portátil con una cuadrícula de miniaturas de fotos, junto a una cámara, un disco externo de varias bahías, un café y dos montones de copias impresas sobre una mesa de madera

Si tuviera que señalar el punto exacto en el que se me rompía el workflow, sería este. Importar es mecánico, revelar es la parte divertida, pero cribar — sentarse delante de 300 fotos casi iguales y decidir cuáles se quedan — es lo que siempre dejaba para "otro día". Y así es como acabé con 30 sesiones sin tocar en un disco.

En el post anterior dejé las fotos importadas y con su copia de seguridad. Ahora toca decidir qué se queda, y hacerlo antes de etiquetar nada: no tiene sentido invertir tiempo en etiquetar fotos que vas a borrar.

El criterio

Uso tres herramientas de darktable, cada una para una decisión distinta:

  • Rechazar (R): la foto no sirve. Desenfocada, movida, ojos cerrados, un encuadre que no va a ningún sitio. No hay que pensarlo mucho: si dudo, casi siempre es un rechazo.
  • Comparar series casi idénticas: cuando tengo varias fotos de lo mismo — una ráfaga, o tres intentos del mismo encuadre —, las pongo una al lado de la otra y me quedo solo con la mejor. Las demás, rechazadas.
  • Estrellas, de 3 a 5, para lo que se salva: 3 es "se queda", 5 es "de lo mejor de la sesión", y el 4 queda para lo que está entre medias.

Y una regla que me he impuesto después de lo del backlog: la regla de las 48 horas. La criba no espera: la hago como máximo dos días después de la sesión, cuando todavía recuerdo qué quería conseguir con cada foto. El revelado sí puede esperar semanas; la criba no.

Atajos en la mesa de luz

La criba es repetitiva, y la única forma de que no se haga eterna es hacerla con el teclado. Estos son los atajos que más uso en la mesa de luz de darktable:

Atajo Qué hace
X Modo de comparación (culling) fijo: muestra un número fijo de fotos una al lado de la otra
Ctrl+X Modo de comparación dinámico: muestra todas las fotos seleccionadas a la vez
< Cambia entre el modo fijo y el dinámico sin salir de la comparación
W / Alt+W Vista previa a pantalla completa (manteniendo pulsado W o fija con Alt+W)
Ctrl+W Vista previa con detección de enfoque (muestra dónde está el foco nítido)
F Alterna el modo pantalla completa para la foto seleccionada
R Marcar como rechazada
0 - 5 Puntuar de 0 a 5 estrellas
F1 - F5 Etiquetas de color (rojo, amarillo, verde, azul, púrpura)
D Cambia directamente al Cuarto oscuro con la foto seleccionada (y D para volver)

La detección de enfoque (Ctrl+W) es la que más tiempo me ahorra: darktable marca con recuadros las zonas nítidas de la foto —en rojo las muy nítidas, en azul las moderadamente nítidas cuando no encuentra ninguna muy nítida—. Si en un retrato los recuadros rojos están en la oreja y no en el ojo, ya sé que va fuera, sin tener que ampliar al 100 % y perder tiempo buscando.

Antes de borrar: la papelera del disco RAID

Rechazar una foto en darktable no la borra: solo le pone una marca. El borrado físico viene después, cuando elimino las rechazadas. Y ahí me encontré con un problema que no esperaba.

Las fotos las tengo en un disco externo: una carcasa de cuatro bahías montada como RAID. Al revisar el proceso para este post descubrí que en ese disco no funcionaba la papelera del sistema: lo que borraba desde darktable desaparecía directamente, sin pasar por la papelera. Un error al eliminar y no había vuelta atrás.

La causa es que, en Linux, cada disco externo necesita su propia carpeta de papelera en la raíz, con un nombre concreto — .Trash- seguido del identificador de tu usuario — y con permisos que solo te dejen acceder a ti. Si no existe, algunos programas borran directamente. La solución es crearla:

# desde la raíz del disco RAID (cambia la ruta por la tuya)
cd /ruta/al/raid
mkdir .Trash-$(id -u)
chmod 700 .Trash-$(id -u)

Y después, el paso imprescindible: probarla. Creé un archivo de prueba, lo borré desde el gestor de archivos y me aseguré de que aparecía en la papelera del RAID y que se podía restaurar sin problemas. Solo tras verificar que la papelera estaba activa y funcionando, me quedé tranquilo para empezar a limpiar.

Mientras tanto, marcar fotos como rechazadas en darktable no tiene ningún riesgo: la marca vive en la base de datos del programa, no en el disco. Lo único que se retrasa es el borrado físico de los archivos hasta que hago la limpieza definitiva.

De paso: los interruptores del RAID

Revisando el disco encontré otra sorpresa. La carcasa tiene unos pequeños interruptores (DIP switches) en la parte trasera que definen el modo RAID, y su posición no coincidía con el modo en el que realmente estaba funcionando. Por la capacidad que ofrece, está claro que funciona en RAID 10 —espejo y reparto a la vez—, pero los interruptores indicaban otra cosa.

Parte trasera de la carcasa Yottamaster de 4 bahías antes del cambio: los cuatro interruptores DIP están hacia arriba, en OFF. Encima, la etiqueta de advertencia con la combinación de cada modo RAID; abajo, el conector DC, el orificio del botón SET y el puerto USB-C.

En estas carcasas Yottamaster, la controladora solo aplica una nueva configuración si mantienes pulsado el botón SET durante unos segundos al encender. Por eso el volumen siguió funcionando en RAID 10 sin problemas, ignorando la posición de los switches.

Aun así, dejar la posición física mal era un riesgo latente: si en el futuro hiciera un reset o tuviera que reconfigurar la carcasa tras una caída de tensión, la controladora leería la posición física actual y podría aplicar el modo equivocado (lo que formatearía el array). Los coloqué en su posición correcta para que coincidan con el RAID 10 real, siempre con la unidad apagada y sin tocar el botón SET para evitar que la controladora intente reinicializar los discos.

La misma carcasa después del cambio: los interruptores 1 y 2 están hacia abajo, en ON, y el 3 y el 4 hacia arriba, en OFF. La etiqueta de advertencia, el conector DC, el botón SET y el puerto USB-C se ven igual que en la foto anterior.

image.canon como red de seguridad

Hay una red de seguridad más que no tenía prevista cuando empecé a escribir esta serie. La R7 sube automáticamente las fotos a image.canon cuando vuelvo a casa (lo explico en la guía de conexión), y ahí se guardan los originales en CR3, a calidad completa, durante 30 días.

Eso significa que, durante ese mes, cada foto existe en tres sitios a la vez: las dos tarjetas de la cámara (grabación múltiple), el disco RAID y image.canon. Si me equivoco al borrar, tengo de dónde recuperarla.

Con un matiz importante: los 30 días cuentan desde la subida, no desde la criba. Si tardo tres semanas en cribar, la red de seguridad solo me cubre una semana más. Otro motivo para la regla de las 48 horas.

Eso sí, image.canon no es una copia de seguridad de verdad: pasado el mes, las fotos desaparecen. Para tener una copia fuera de casa a largo plazo tengo pendiente montar un backup en Amazon Photos, que trata los CR3 como fotos y no cuenta para el espacio. Ya lo usé hace años con los CR2 de la EOS 400D, aunque entonces lo subía todo porque no borraba nada. Esta vez quiero hacerlo con más cabeza, después de la criba. Lo contaré en un post aparte.

La criba del backlog

Todo lo anterior vale para las sesiones nuevas. Pero tengo 30 sesiones acumuladas de varios meses, y aplicar el método tal cual a eso era inasumible. Así que lo he adaptado con tres ajustes:

  1. Una sesión está terminada cuando no queda ninguna foto sin decidir: ninguna a 0 estrellas. Cada foto o está rechazada o tiene estrellas. Eso me da un criterio claro de "hecho".
  2. Una sola pasada: en las sesiones nuevas a veces repaso dos veces; en el backlog, no. Decido cada foto una vez y sigo. Si una decisión no es perfecta, da igual: es infinitamente mejor que la sesión sin cribar.
  3. Solo borro con la papelera verificada: mientras no lo esté, las rechazadas se quedan marcadas y ya las eliminaré.

El ritmo que me he puesto es una sesión al día, de 30-45 minutos.

Para comprobar que el método funcionaba, hice una primera sesión de prueba. De 97 fotos:

  • 46 rechazadas, casi la mitad,
  • 45 a 3 estrellas,
  • 6 a 5 estrellas.

Casi la mitad de lo que disparé en esa sesión no merecía quedarse. Y las 6 de 5 estrellas son las únicas que de verdad voy a revelar con calma. Ese número es el que me convenció de que el problema del backlog nunca fue el revelado: era no haber cribado a tiempo.


En el siguiente post sigo con lo que viene justo después de la criba: el etiquetado, con el sistema de etiquetas jerárquicas que uso y cómo decido qué se puede compartir.

Jaume Ferré

Jaume Ferré

Tengo un trabajo que no tiene nada que ver con esto. Pero me gusta cacharrear con webs, Linux y el homelab. De vez en cuando alguien me paga por ello, lo cual siempre sorprende. Canon R7 en mano y Arch Linux de fondo.

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